Sí, el amor de mi vida siempre tuvo nombre de hombre y no de mujer. Manuel, curiosamente el mismo nombre que yo. Cuando uno hace pública su orientación sexual no lo hace por contar secretos de alcoba o por puro capricho, sino por vivir ocultando su vida o una parte importante de ella, de unos sentimientos, de lo que uno es en un duro silencio de muchos años. Casi anulando sus vivencias personales o sociales porque había una sociedad represora que te impedía vivir como los demás, como casi todo el mundo. No podías pasear de la mano, mirar u observar a a plena luz del día sentados en un banco de un parque a alguien de tu mismo sexo, porque sabías que serías humillado, acosado, discriminado por una gran parte de la sociedad. No podías tener libertad por mucho que no quisieras pensar en el qué dirán. Hoy, que se celebra el Día Internacional contra la LGTBIFOFIA he querido reivindicar lo que se sufre por las ofensas contra la orientación sexual de personas que sólo queremos ser felices.
No debía importarte lo que opinaran los
demás, pero esa sociedad de alguna u otra manera te recriminaba que lo
que hacías no estaba aceptado, no entraba en los cánones de convivencia y te
hacían sentir marginado por mucho que trataras de tener tu libertad
interior. En definitiva, el hacer público que soy gay o bisexual años
después de toda una vida de silencio es por pura higiene mental. Por querer
recuperar la esencia de una parte importante de cómo o quién eres. Es luchar
por unos derechos humanos que te prohibieron, que te arrinconaron, que te
hicieron andar como si estuvieras delinquiendo, escondiéndote de casi todos o en
clandestinidad. Nadie está obligado a leer los detalles, pero sí es momento ya
de tener derecho a expresarme con libertad, sin ofender a nadie y sin que nadie me ofenda por lo que
soy o cómo soy.
Perdí la relación con quien pudo
ser mi cónyuge y crear una familia, con quien sigue siendo el amor de mi vida
por muchos años que pasen. E incluso escribí poesías en las que tuve que
ocultar que estaban dedicadas a él, a Manuel. Como la que publico a
continuación, porque para mí sigue estando muy presente. Lo recuerdo cada día,
casi a cada instante. Y él hizo su vida, pues nos separó los prejuicios de aquel
tiempo, las que nos impuso la sociedad. Como si nos hubieran robado el tiempo. Cuando fuímos felices sin casi darnos
cuenta.
EXISTIR
(A Manuel, el amor de mi vida)
Amarte
/ No puedo más que amarte. / Es como si ya no supiera hacer nada, / Como si yo
fuera nada. / Sólo amarte /. Mi vida se quedó ayer entre tus brazos /porque
todo lo demás en el mundo ahora es orfandad. / Te prometo que contigo he vuelto
a la eternidad de tus labios / y a pasar mis dedos lentamente conociendo la
suavidad de tu delicada piel. / Mi vida se quedó ayer entre tus brazos, cuando
hacía tiempo te prometo que no he querido poner mi alma en pie. /Abandonar tus
brazos, tus besos, tu pecho, tu espalda, te lo prometo / es un vacío, es un
camino caduco que se me presenta y me niego a recorrer. /Yo volví a nacer con
tu cuerpo y con tu alma /y ya en el inexorable silencio de mis recuerdos, con mi
locura /sea en mi cama o en cualquier anónimo suelo, exhausto, siempre ha sido
en tu silencio donde decidí saciar mi
sed, toda la que arrastraba mi alma / desde aquella eternidad de los mejores
recuerdos, pero tus labios, donde está tu gran corazón y son ahora mi
única sensación de existencia para mi ser.
Con
cariño, gracias por tu dulzura.Te sigo queriendo como siempre
A continuación publico enlaces sobre los artículos que he ido publicando:
"Ser gay o renunciar a uno mismo" (Pulsar en el enlace para leer)
"Ser bisexual o renunciar a uno mismo" (Pulsar en el enlace para leer)
Sintiéndome mariquita, marica, maricón, (con perdón) o trans: mi sentimiento femenino (Pulsar en el enlace para leer)
Manuel J. Márquez Moy, Periodista, Guionista y Especialista en Educación Ambiental
