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jueves, julio 26, 2007

CUANDO EL PLANETA PONE LOS LÍMITES

Todavía hay muchos ciudadanos y responsables políticos que no se toman en serio estos asuntos, es como si esto sólo afectara a otros lugares lejanos de donde uno habita. Según los últimos Informes emitidos por algunos científicos de profesionalidad contrastada el Golfo de Cádiz está expuesto a posibles corrimientos de tierra y posibles maremotos.



Imagen alegórica de la vida sobre un bosque quemado, símbolo de la esperanza.

Llevo unos días dándole vueltas al asunto del cambio climático. Hace decenios que se viene hablando de ello, pero ahora es como si hubiera una especie de consenso político, científico y social sobre algo que está produciendo muchos quebraderos de cabeza. Hasta hace poco todavía muchos se podían permitir la licencia de dudar sobre este suceso planetario, que altera el biorritmo de la Tierra, para desgracia principalmente del ser humano y ciertas especies animales y vegetales que van a salir perjudicada de los cambios en los diferentes lugares del Planeta: Atmósfera, mar y tierra. Porque el Planeta Tierra seguirá su curso y seremos nosotros los que tendremos que entrar en una etapa de pura supervivencia.

Aunque quiero advertir de los siempre oportunistas que aprovechan la ola de información para publicar los más variopintos libros con tesis extravagantes y curiosas. De ahí que recomiendo que se contraste mucho, si quiere informarse bien de lo que ya es una realidad en las alteraciones del equilibrio de nuestra Biosfera, para no terminar enfrascado en las más peregrinas teorías catastrofistas y alarmistas. Hay que reconocer que el cambio climático es asunto serio, pero hay que tomárselo con relativa calma.

El problema es que hemos llegado tarde para atajar los numerosos problemas que tenemos encima y los que se avecinan que son imprevisibles. Los numerosísimos síntomas han necesitado décadas y décadas de estudios minuciosos. Después ha habido mucho silencio por parte de los grandes poderes fácticos que rigen la economía planetaria. Se han pagado grandes cantidades de dinero a afamados científicos para tergiversar informes, para silenciar, maquillándolos con intereses económicos y políticos. Se ha prostituído demasiado la información pública salpicando a los grandes medios de comunicación. Todo con tal de silenciar, restar importancia a los que alertaban de la insostenibilidad de nuestro ritmo de vida consumista y desarrollista.





Ciertas organizaciones no Gubernamentales, caso de Greenpeace se ha caracterizado por alertarnos constantemente de los peligros que se ciernen sobre el los habitantes del Planeta








Llevamos muchos años viviendo por encima de las posibilidades de lo que la Naturaleza es capaz de soportar y hemos maltratado y seguimos haciéndolo a los recursos naturales de manera caprichosa y peligrosa.

El aumento de la temperatura de la Tierra muchos lo han venido interpretando con mayor calor. Lo que sí se sabe que esa subida de temperatura altera de tal forma todo que se vuelve caótica la situación en cualquier lugar del mundo. El aumento de la temperatura significa lluvias torrenciales, mayores temporadas de fríos o de calor. Es una cuestión de extremos, nada de templanza en el clima. Predominarán cada vez más situaciones extremas en todos los fenómenos meteorológicos. Si hay calor, seran temperaturas elevadas en un punto de la Tierra, si es frío, situaciones bajo cero alarmantes, si es lluvia, con enorme aparato eléctrico en forma de rayos, si es viento, pues huracanes y tornados. La verdad que puede parecer apocalíptico, pero es la factura que nos devuelve la Naturaleza.
Inundaciones en Oxford


Nos hemos alejado demasiado de nuestro hábitat natural. Hemos renunciado a nuestro entorno vital a cambio de encerrarnos en ciudades con demasiado cemento y asfalto. Hemos deforestado y arrancado a la tierra su fertilidad, sobreexplotando los suelos agrícolas, sembrando contaminación por todas partes. Muchos inconscientemente y muchos otros conscientemente. Hemos cometido un Ecocidio, precisamente el título de uno de los libros recientes que sí analiza seriamente nuestro comportamiento agresivo con el entorno.
La Climatología, ya de por sí, es una ciencia relativamente moderna, nueva, con poca vida científica todavía para predecir fenómenos meteorológicos o para conocer su funcionamiento. Si a eso le añadimos que lo hemos alterado todo, los climatólogos están enfrentándose a un reto muy exigente. Algunos miran hacia atrás, para ver algo de luz en otros períodos de cambios climáticos, otros observan glaciares, otros se apoyan en la Fenología (el calendario natural de los acontecimientos normales de la Naturaleza). Otros miden la calidad del aire, del mar, del río.
En definitiva, que al final hemos llegado a unos niveles de intoxicación informativa, que va a requerir por nuestra parte un gran desarrollo del sentido crítico.
Habría que empezar por cumplir el Protocolo de Kyoto, los de Copenhague ó los de París finalmente a nivel internacional y otros muchos compromisos que se han obviado y eludido por los Estados, por las grandes empresas, por los grandes mercados financieros. Al ciudadano de a pie le coge todo esto a estas alturas con el pie cambiado. Aun así, desde los municipios se pueden tomar muchas medidas. Sólo hay que mirar Sanlúcar de Barrameda, por ejemplo. Llevamos años sin poner eficazmente en marcha la Recogida Selectiva de Residuos Sólidos Urbanos. El rio Guadalquivir en su desembocadura es una auténtica cloaca química y de detritus y residuos fecales. La agricultura ha sucumbido en manos de las multinacionales sembrando auténticas bombas de relojería en los campos agrícolas e invernaderos.
El número del parque de coches para una ciudad como Sanlúcar es desproporcionado. No nos hemos preocupado en dejar zonas verdes interurbanas amplias que permita al suelo airearse. Ahora con tanto cemento, edificios, aires acondicionados la temperatura de la ciudad adquiere mayor grado de calor por la gran bolsa de aire caliente que se concentra dia tras día en la ciudad. Las arboledas hubiesen servido de transpiración. Y no digamos si llueve torrencialmente, porque construímos en cualquier sitio, sin miramientos de las salidas naturales de manantiales y arroyos. Y así podíamos seguir y seguir. Y en cuanto al consumismo, hemos adquirido comodidad a cualquier precio. No un frigorífico cualquiera, sino el de mejor marca, sin pensar que quizás ese frigorífico utiliza recursos naturales agotables, o el mobiliario, o materiales de construcción. Siempre utilizamos a lo largo de nuestra historia evolutiva los recursos de la tierra, pero no a los niveles de los últimos decenios. Por cierto, existen informes de prestigiosos científicos que han alertado de ciertos riesgos dentro del Golfo de Cádiz sobre corrimientos de tierra y posibles maremotos.
Para terminar esta reflexión, indicar que el clima lo que hace es responder a las alteraciones de la Biosfera con sus recursos de tal forma que lo que pretende es volver a un equilibrio en el que para nada contamos nosotros. Un equilibrio que desconocemos sus parámetros y lo que la Naturaleza -con mayúsculas- necesita para ello. Y no es más ni menos lo que ocurre. Si la Naturaleza necesita buscar su propio equilibrio no sabemos ni el tiempo que empleará en ello ni cómo lo hará. Sabemos los síntomas, pero cuando la Naturaleza dice aquí estoy no entiende de ciudades, porque en el engranaje somos sólo una especie egocéntrica que pensamos que todo lo podíamos controlar. Y aquí, nos guste o no, la Naturaleza es la que pone los límites.






Manuel J. Márquez Moy

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