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viernes, enero 08, 2010

LA AUTOCENSURA por Manuel J. Márquez Moy

Cuando el dinero habla
la verdad calla”
(Proverbio)

No es fácil vivir con la autocensura a cuestas. Tienes la información, los datos precisos y contrastados, pero te los guardas para no hacer daño al gobierno local de turno, para no perder amistades (que cada día están más caras), porque no sea que no entiendan que forma parte de tu código ético el deber de informar, de ser una herramienta para la población, para que se expresen incluso los silenciados, que son ya demasiados.

Sí, lo confieso. Vivo bajo la autocensura. Si publico cierta información me veré condenado a perder derechos, a perder esas amistades, a ser un apestado, un incordio. Publicar esto no me hace más valiente, me hace más desgraciado, porque minan mi dignidad, porque sopesas que ya no estás para ejercer tu profesión como se debe, adoptando el código deontológico del buen reportero o periodista. Publicar la información que uno tiene se considera una rebeldía, cuando simple y llanamente es un derecho a la libertad de expresión.

Sí, lo confieso que he tenido problemas durante toda mi puta vida de reportero con la autocensura y la censura, de los que fueron mis jefes en TV, de los que me indicaban que había que suavizar las noticias porque a tal alcalde o empresario no se le podía criticar, ni utilizar tantas adjetivaciones que los denigraran, me han borrado programas enteros porque molestaban. Han quitado de la programación programas tras un telefonazo.

Hay reporteros y reporteros. No es ya cuestión de que te prives de un buen titular, sino de que privas de esa información a una población. Amo esta profesión, la vivo las 24 horas. Duermo con el móvil muy cerca. Pero si publicas cierta información te niegan favores-que son derechos ciudadanos-.

Uno no está aquí, incluso jugándose el pan y la sal, para ser una fotocopiadora. La información intenta poner a disposición del ciudadano noticias y opiniones para que las calibre, las compare, las reflexione o las tire a la basura.

Eso sí, debo reconocer que a lo largo de 26 años ejerciendo esta profesión he optado por ser fiel a mí mismo y he mandado a tomar viento la autocensura y a los censores. Y la verdad que uno duerme más tranquilo. El caso es que no soy el único que experimenta estas situaciones. De nuevo me asalta la autocensura en estos días. ¿Qué puedo perder si callo? ¿Sabéis cuánta información se tergiversa, se obvia, se mutila, por miedo a perder el trabajo en las redacciones de diarios, televisiones nacionales ó emisoras de radio?. ¿O cuántas noticias se tergiversan, se obvian, se mutilan, se callan y silencian por prebendas y favores?. De nuevo todo conduce al negocio de la libertad. Vivimos creyendo que esto es una democracia, y como decía aquél loco que andaba por Sanlúcar de Barrameda allá en los 70: “¡No me creo ná!”

Manuel J. Márquez Moy es Coordinador de "La Aventura Humana"

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