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sábado, mayo 02, 2009

SANLÚCAR DE BARRAMEDA, UNA CIUDAD EN COMA INDUCIDO



















Retrato del pintor sanluqueño Francisco Pacheco e imagen de Sanlúcar de Barrameda.


En otras ocasiones he reflexionado sobre cómo la ciudadanía sanluqueña, afortunadamente, no está únicamente pendiente del Ayuntamiento a niveles políticos. Existe un gran número de habitantes que sólo pisa el Ayuntamiento cuando no tiene más remedio para gestionar algún documento oficial. Pero hay un grueso importante que pivota sobre la política que se hace desde el Ayuntamiento.

A veces dá la impresión que Sanlúcar de Barrameda es una ciudad dormida, a la que han inducido en un coma profundo, donde sus valores más relevantes andan como un cerebro al que se le ha sometido a un ritmo muy lento, como si el tiempo y su memoria estuvieran aletargados, mientras que otros aprovechan su estado catatónico para hacer sobre ella salvajadas con actitudes simoníacas.











Sanlúcar de Barrameda siempre ha tenido un aire de misterio, de misticismo, de lugar santo, de tierra sagrada del Sol, de mezquita y alcázar, de paisajes llenos de musicalidad, en sus callejuelas barrialteñas. Pero pocos se prestan a respetar esa idiosincrasia que siempre ha caracterizado a esta tierra. Sanlúcar es una sempiterna utopía, con un latido que pocos han sentido, porque la han prostituído con mascaradas, con bajezas, curiosamente provenientes de un Ayuntamiento que ha extendido su podredumbre y corrupción hasta el último rincón del “Lux Dubiae” de la Algaida. Están contaminadas asociaciones, bufetes, sindicatos, bancos, partidos, que han traicionado año tras año por diversas razones la evolución en todos los sentidos de esta ciudad.

Es mentira que a esos contaminados de poder les preocupe la música del Guadalquivir, la estética de las calles, la honda y vetusta cultura de nuestros 4.000 años de historia; es mentira que a esos contaminados de poder les preocupe la armonía de Doñana, cuando insisten en sacarla a pasear y le cuesta hasta respirar cuando se muere por inanición por Santa Olalla; es mentira que esos contaminados por el poder quieran un desarrollo próspero sin corruptelas, cuando adulteran nuestra memoria colectiva derribando aquéllo que nos identifica; es mentira que a esos contaminados de poder les preocupe Arizón, las Covachas, o la casa natal de Francisco Pacheco; es mentira que a esos contaminados de poder les preocupe el hablar pausado de nuestros mayores, la cadenciosa fertilidad de nuestras tierras de cultivo ; es mentira que a esos contaminados de poder les preocupe la música de Joaquín Turina o Lucas Moreno; es mentira que a esos contaminados de poder les interese la melodía de la oropéndola y el beso de la puesta de sol sobre la Laguna de Tarelo o la taumatúrgica luminosidad que da vida a nuestros sueños.

Todo es vanidad de vanidades hasta que Sanlúcar de Barrameda la saquemos del coma inducido por nuestros mediocres gobernantes y sus contaminados adláteres.








Manuel J. Márquez Moy

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