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miércoles, enero 10, 2007

RELIGARSE: EL ÚLTIMO SILENCIO

Para conocer la realidad de nuestra existencia es necesario a veces buscar el silencio fértil.


El polémico pensador alemán Niesztche que zarandeó la conciencia humana en la edad contemporánea y que sigue despertando un gran interés por los estudios que dejó escrito.




"El gusano pisado se retuerce. Esta es su sabiduría. Haciendo esto disminuyen las probabilidades de volver a ser pisado. En el idioma de la moral esto se llama humildad" (Nietzsche, 1.844-1.900). Así se expresaba uno de los pensadores más revolucionarios de la filosofía moderna. Hoy querría echar un vistazo a esos mundos del interior del ser humano, esos mundos donde habita el espíritu y, donde algunos millones de personas han decidido que sea morada también del Espíritu Santo.

A medida que vamos creciendo y nuestro universo mental va expandiéndose en ideas y experiencias vividas en este mundo, la realidad que vamos percibiendo puede ser muy diferente según las condiciones en las que nos hemos ido desarrollando y esto condiciona bastante nuestro modo de concebir la Vida. Pero hay una realidad más próxima, si la hacemos nuestra con el sentimiento y el pensamiento, que está ahí diariamente golpeando nuestros sentidos. Escuchamos e incluso vivimos o convivimos con historias atroces y espeluznantes; contemplamos tragedias humanas que no tienen que ser forzosamente las que emiten los telediarios, sino aquellas otras que conocemos directamente al cruzarnos en la calle o en las escaleras de un frío edificio, con la mirada fría de una vida fría. Un mundo lleno de personas que cada día les cuesta incluso respirar y toman un poco de aliento cada mañana con la ingesta de un estimulante (alcohol, pastillas, tabaco) para seguir viviendo.



Son personas que luchan cada día sin entender la vida que les empuja, porque tienen hijos que alimentar, vestir, domesticar o educar -según cada caso-. Ni siquiera tiene mucho tiempo para entender la vida, la viven sin más, hasta que terminan hartándose, se desahogan como pueden y quieren y, si acaso les quedan otra oportunidad, si no han dejado el cuerpo y el alma en una esquina oscura del tiempo, pues vuelta a empezar. ¡ Vaya retrato de la Vida!.



Pues lamento que no sea producto de mi imaginación. Muchas personas he conocido en el transcurso de mi quizás todavía corta, pero dilatada vida, que llevan una vida muy arrastrá, como ellos mismos la califican. Algunos resignados y otros con perenne rebeldía.
El filólogo y pensador alemán Nietzsche venía a decirnos en una de sus muchas sentencias que la humildad -no la pobreza- había sido un valor humano inventado por los más desfavorecidos e inadaptados para evitar o eludir la prepotencia y unas ciertas maneras de esclavitud y sometimiento ejercida por los agraciados con mayores cualidades para afrontar la Vida, sean corporales o de otro tipo.



Efectivamente, estamos ante otra manera de afilar y sacarle punta a la teoría darwinista de la evolución: los más capacitados sobreviven y los menos capacitados terminan siendo devorados por el propio juego del mercantilismo, por las injusticias de la justicia que casi siempre se ceba con el que menos tiene. Algunos estudiosos e intelectuales, no sé cuántos, han terminado por creer que Jesucristo vino precisamente al mundo o la mitología se encargó de traerle, para acabar con esas condiciones propias o impropias de la naturaleza humana primitiva, creando valores como la humildad de espíritu, el amor al prójimo y el resto de bienaventuranzas que han quedado reflejadas en la Biblia u otras cuestiones a las que se refiere las cartas paulistas a los Gálatas sobre el significado del amor.

Una talla de Jesucristo bajo la advocación del Silencio, del siglo XVII, en una capilla de la Iglesia de San Francisco de Sanlúcar de Barrameda.


Otros incluso han llegado más lejos, haciendo suya la máxima de Carlos Marx de que las religiones son el opio del pueblo, una necesidad primordial para apaciguar el espíritu indómito y agresivo que el ser humano desarrolla. Sin ese opio o anestesia, se preguntan esos mismos pensadores, ¿cuál hubiese sido el curso de la Humanidad?. Sin embargo, no hay que estar muy espabilado, no hay que ser un gavilán para darse cuenta que la historia del ser humano sobre la Tierra, desde esta óptica, sigue siendo la misma, opresores contra oprimidos y un vano intento de los oprimidos contra los opresores. (Echen sólo un vistazo a la prensa diaria).

En esta eterna batalla de unos contra otros para millones de seres humanos hace unos dos mil años que nació una esperanza: Jesucristo. Pero para conocer el significado de Jesucristo, para otros Jesús de Nazareth, dentro de este entramado de realidades, pensamientos y tragedias humanas es necesario buscar el último silencio, religarse (religio -onis), contraerse, relegarse, apartarse hacia un lado del camino y tener la suficiente capacidad y entereza para ver la vida pasar, siendo por un tiempo mero espectador. Porque de ese último silencio imprescindible y fértil sacaremos nuestras propias conclusiones sobre aquello de "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida".


Manuel J. Márquez Moy




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