Andamos todos desolados cuando España arde casi de punta a punta
con numerosos incendios forestales. Es cierto que cada uno tiene su
característica propia, según la orografía del terreno y las condiciones
meteorológicas que se den en cada momento del su desarrollo. Tras muchas
experiencias con incendios forestales extinguiéndolos de manera activa como
voluntario en la zona de Doñana, con manguera en mano echando agua a presión en
los recovecos del monte y tras hablar durante años con agentes forestales y gente que vivía de los
montes uno aprendió normas básicas. Cuando los incendios forestales queman
nuestros montes en España hay que tener
en cuenta que son vitales los diez, quince primeros minutos para que lleguen
los dispositivos contraincendios, después vienen las complicaciones y se
extiende el fuego irremediablemente.
Lo que repetimos muchas veces los que andamos en estos
asuntos ecológicos de que los incendios forestales se apagan en invierno quiere
decir que en invierno es cuando hay que limpiar la maleza de los montes, no se refiere al sotobosque
que le da biodiversidad a los montes. Utilizo la expresión montes, aunque puede
ser extensiva a bosques variados de España, los mediterráneos y los atlánticos,
los primeros más adaptados a tiempos de severas sequías desde tiempos
inmemoriales, de ahí que haya incluso especies vegetales que desarrollaron mecanismos resistentes a los
incendios que de forma natural se sucedían en tiempos pretéritos y los segundos,
los atlánticos, más propios de la antes llamada España húmeda. Pero sea en un
lugar u otro con los años, la maleza, herbáceas, que con la sequía se secan y
se convierten en inmenso combustible para cuando se sucede un incendio en
verano, hay que ir limpiándola y quitándola, además de abrir los llamados
cortafuegos, imprescindibles espacios abiertos o claros entre masas de bosques
espesas para aliviar cuando el incendio hace su aparición para que tenga
lugares donde se pueda frenar el fuego. Pero hoy día llega el verano y ni se ha
limpiado la maleza ni se han abierto los cortafuegos, sino que cuando el
incendio está encima se trata de hacer ambas cosas de forma desesperada por lo que los bomberos no dan a basto ya que o se centran en el virulento fuego o en abrir esos cortafuegos y la laboriosa tarea de limpiar de maleza seca la zona y eso ante altísimas temperaturas a las que están expuestos Otra
cuestión amplia a tratar es la influencia del cambio climático y los incendios
forestales. Pero eso lo trataremos en otro momento.
Por otro lado hay que tener preparado un exhaustivo plan contra incendios forestales para cada municipio, Comunidad Autónoma y uno Nacional que recoja puntos de agua que se puedan aprovechar y planifique la coordinación entre todos los recursos humanos y características de cada terreno, suelo, especies vegetales matorrales y arbóreas en cada lugar del monte. Hay que señalar que hoy día se habla mucho de que nuestros montes están despoblados, abandonados, no ya solo por la posible dejadez de ciertas administraciones públicas, sino porque antes había mucha gente que vivían de nuestros montes, piñeros, resineros, colmeneros leñadores, ganaderos, carboneros, y un largo etcétera de personas que vivían de los montes y ellos eran los mejores vigilantes que tenían, porque procuraban tener todo en orden, en condiciones en los montes para hacer uso y aprovechar lo que los bosques les proporcionaban. Hoy, bien porque fueron expulsándolos al llegar la estricta protección por medio de Parques Nacionales o Naturales. Espacios Protegidos al fin y al cabo, o porque por quedarse sin sus trabajos tradicionales contribuyeron a la hoy llamada España vaciada.