miércoles, febrero 04, 2009

¿FRACASO EN LA CONSERVACIÓN DE DOÑANA Y SU COMARCA?


Hablar de fracaso con relación a la política de conservación de los espacios naturales protegidos de la geografía española probablemente sería exagerado, y más si nos aproximáramos a la realidad que viven los diferentes lugares que se han considerado necesarios rescatar de una más que posible desaparición.

Los Pinares de Bonanza (de la Dinamita), ejemplo de falta de "entendimiento" entre la sociedad sanluqueña y su paisaje natural dentro del casco urbano.
Cuando hablamos de nuestro caso concreto de las Marismas del Guadalquivir y del mundo de Doñana, dependiendo de quien interprete su trascendencia, lo limitará a una mayor o menor extensión y dimensión social. No es lo mismo hablar de los límites jurídicos del Parque Nacional de Doñana (hoy Espacio Natural de Doñana) que de la Comarca de Doñana, concepto éste último de mayor relevancia y, si cabe, de mayor complejidad.

Doñana se caracteriza entre otras cosas, al igual que cualquier espacio natural, por la dinámica constante y la fluctuación constante entre sus diferentes ecosistemas: sistema dunar, sistema del matorral mediterráneo con sus respectivos alcornocales y sabinares, el sistema del pinar y su sotobosque, el frágil sistema marismeño, el sistema de lagunas peridunares, o el sistema de su litoral con playas prácticamente virginales. La interrelación de estos sistemas es continua, y para completar parte de este importantísimo ciclo se ha tenido que ir extendiendo paulatinamente el ámbito de protección legal a los terrenos adyacentes que participan de esta dinámica, ya que esta interacción no entiende de límites artificiales (vallas o carteles indicadores), creándose entonces lo que conocemos como Parque Natural de Doñana, donde se incluye el término municipal de Sanlúcar de Barrameda , en la provincia de Cádiz. Aunque ya se sabe que Sanlúcar de Barrameda ha tenido desde siempre una vinculación histórica con el conocido Coto de Doñana, no debemos olvidar que participamos de la misma evolución de su paisaje ecológico, independientemente de las demarcaciones legales que delimitan las áreas incluídas en el hoy Espacio Natural de Doñana.

El proteger Doñana como Parque Nacional y al amparo también de numerosas leyes ambientales nacionales e internacionales no garantiza necesariamente la conservación de este espacio natural, ya que , como ocurre en cualquier espacio que se intenta aislar de la realidad social del entorno, sufren las consecuencias de una sociedad generalmente “agresiva y hostil”. No hay que olvidar que los parques naturales o nacionales, como hemos apuntado anteriormente, son sistemas abiertos dinámicos, que dependen del exterior. De hecho, en la mayoría de las ocasiones la gestión de estas reservas van más encaminadas a corregir las alteraciones que provoca en el interior del parque las presiones y agresiones del entorno.

Llegados a este punto nos planteamos una cuestión importante: qué es lo que estamos conservando cuando hablamos de naturaleza o incluso, por qué conservamos la naturaleza.



Con estos argumentos queremos poner de manifiesto que para conservar eficazmente los espacios naturales protegidos hay que considerar seriamente las necesidades que plantean los usuarios de estas zonas, especialmente la de aquellos que venían aprovechando los recursos tradicionalmente desde tiempos inmemoriales y que hoy se ven limitados e incluso desautorizados a acceder al medio con el que convivieron siempre. Estas situaciones generan a veces graves conflictos entre municipios y gestores de los espacios protegidos, que ven como un obstáculo al desarrollo de su población la creación de estos parques naturales o nacionales.


Después están los otros usuarios más contemporáneos, como campistas, domingueros, deportistas, ecologistas, turistas, investigadores, cazadores, que también desean aprovechar las bondades que ofrecen estos espacios naturales. Y, por último tenemos otro sector de la población que vive ajeno a los avatares ecológicos, pero que en su actividad económica se sienten perjudicados y limitados por las legislaciones que rigen la protección de estos parques naturales y nacionales.
Podríamos citar otro sector más preocupante, si cabe, constituído por los indiferentes que no son conscientes del mucho o poco valor patrimonial que atesoran estos espacios desde una vertiente ecológica o cultural.

Por consiguiente, contamos con una sociedad que llega a percibir en mayor o menor medida el estudio y la conservación de la biología de estos ecosistemas con cierta contrariedad.

Para finalizar este capítulo dedicado a los objetivos generales y específicos que hemos tratado de definir en primer lugar con el desarrollo de este amplio preámbulo imprescindible para contextualizar nuestras pretensiones con este proyecto de investigación, vamos a ir concretando algunos conceptos importantes en próximas semanas.


Manuel J. Márquez Moy, Coordinador del Programa de Investigación "Las Huellas de la Memoria"

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