
La anguila es un animal extraordinario y misterioso. A lo largo de su vida recorre dos veces un trayecto de más de 5000 km, la distancia que separa su zona de nacimiento y reproducción de la de crecimiento. Se sabe que nace en el Mar de los Sargazos, no porque se hayan visto ejemplares adultos o grávidos, de hecho nunca se ha capturado un sólo ejemplar maduro, ni siquiera se han observado ejemplares yendo hacia esa zona, sino porque a partir de un punto concreto en los Sargazos y en dirección a las costas europeas, se van capturando larvas de la especie progresivamente de mayor tamaño.
A pesar de la lejanía en su reproducción, hasta no hace mucho, las anguilas llegaban en abundancia a las costas europeas y norteafricanas distribuyéndose por nuestros ríos y constituyendo un recurso pesquero de primera calidad. Se calcula que alrededor de 25.000 personas vivían en Europa directa o indirectamente de la explotación de esta especie.
Sin embargo a partir de la década de los 80 del siglo pasado, el número de angulas que llegaban a las costas europeas comenzó a descender drástica e imparablemente hasta el momento actual. Hoy en día, se calcula que llegan a las costas europeas menos del 2% de las que lo hacían en los 80. La situación es tan crítica que los científicos afirman que la especie se encuentra fuera de los límites de seguridad biológica para su supervivencia.
En nuestra Región, es en el Guadalquivir, donde se desarrolla una importante pesquería de esta especie. Aquí los datos se repiten al igual que para el resto de Europa.

Las protestas están haciendo a los gestores reconsiderar esta moratoria y por ello escribo estas letras animándoles a continuar con la labor emprendida. No sólo porque la situación de la especie es crítica, sino porque de una vez por todas se debe regularizar una actividad que rompe con la legalidad de principio a fin. Y si no juzgue el lector.
La pesca de la angula se realiza con unos artes de 1 mm de luz de malla, por lo que la selectividad, es decir la capacidad de capturar sólo la especie objetivo, es nula. Con esa malla, en lugar de una pesca se realiza más bien un filtrado del agua, sin embargo es necesaria para la captura de un animal tan pequeño y escurridizo como las angulas. El problema estriba en que este filtrado, se realiza sobre el área de cría y engorde existente en el Bajo Guadalquivir. Una zona a la que anualmente acuden millones de alevines de hasta 20 especies de elevado valor comercial como langostinos, boquerones, sardinas, bailas, lubinas, lenguados, acedías, etc. Todas vienen al Bajo Guadalquivir a pasar las etapas más delicadas de su vida. Despues de superar estas fases retornan al mar y engrosan los caladeros explotados comercialmente del Golfo de Cádiz.














